
En febrero de 1933 llegaron las primeras alcaldesas en Canarias, la primera la tacorontera Baldomera García, una joven maestra en Ravelo, que ostentó el bastón de mando en El Sauzal. Poco después le seguirían Juana González González (Granadilla de Abona), María del Carmen Luengo y del Arco (Vallehermoso), Concepción García Suárez (Santiago del Teide) y Juana García Rodríguez (Artenara). A pesar de esos avances, la mayoría de la sociedad seguía siendo profundamente tradicional y patriarcal, en especial los sectores más influidos por la religión.
En 1933 los partidos conservadores, ganadores de esas elecciones ante la división de las izquierdas, defendían abiertamente una vuelta de las mujeres al hogar, aunque con poco éxito, tomando medidas que posteriormente serían clonadas por el franquismo, como prohibir su acceso a las carreras judicial, fiscal y aduanera, además intentaron favorecer la empleabilidad de los hombres sobre la de las mujeres. La victoria del Frente Popular en febrero de 1936 permitió retomar el camino perdido, muchas pensaron que no había vuelta atrás, hasta que el franquismo desató su terror.
Los golpistas venían de la mano de los sectores más tradicionalistas y se miraban en el espejo de los países donde sus ideales habían triunfado, como la Alemania nazi o la Italia fascista. Las mujeres solo debían aspirar a ser esposas, madres o religiosas. Se limitó su acceso a la educación superior, y con el fuero del trabajo de marzo de 1938 se estableció que el estado «liberará a la mujer casada del taller y de la fábrica». Se pretendía limitar el acceso de la mujer al trabajo, llegando a todos los ámbitos y estratos sociales. En el Ayuntamiento de La Laguna tenemos un testimonio claro de esos ideales en las actas del pleno del 18 de septiembre de 1940. En esa sesión los concejales y el alcalde franquista se hicieron eco de la orden del Gobernador Civil que establecía la “sustitución por excombatientes de las señoritas empleadas en las oficinas municipales”, estableciéndose su salida “en orden inverso al de antigüedad de su entrada”. Todavía quedaban mayores retrocesos, el Código Penal de 1944 convertía a la mujer en una propiedad de su marido, se permitía el asesinato en caso de adulterio, igual que al padre hasta los 23 años de edad….una norma que se mantuvo así hasta 1961. Ese mismo año se aprobó la Ley de Contrato de Trabajo, se obligaba a las mujeres casadas a pedir el consentimiento a su marido para poder acceder al mundo laboral, además, el consentimiento del marido era necesario para usar el dinero que ganaba, para comprar o administrar bienes, firmar contratos de cualquier tipo, hasta para testificar en los juicios, muchas fueron normas que se mantuvieron hasta la vuelta de la democracia. Menos de diez años, entre 1933 y 1944, pero un abismo en derechos. Un abismo que habita también hoy en esos mensajes, a veces aparentemente inocentes, que hablan de la vuelta a los valores tradicionales, a la familia católica, a una “vida más sencilla”, que lo pinten como lo pinten, será más patriarcal y más brutal.
Fuentes utilizadas
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de Paz Sánchez, Manuel y Castellano Gil, José M. (Coord). La Laguna 500 años de historia. Aspectos de La Laguna durante la Edad Contemporánea (siglos XIX-XX). Tenerife. 1998. p370
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Aparicio Izquierdo, Raúl. Mujer y trabajo durante el franquismo. Trabajo de fin de grado. Universidad de Valladolid. 2014
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Moraga García, María Ángeles. Notas sobre la situación jurídica de la mujer en el franquismo. Feminismo/s 12, diciembre 2008, pp. 229-252