La Fundación Bancaria La Caixa y su sociedad de inversiones, Criteria, han aprobado este miércoles el retorno a sus históricas sedes sociales de la Diagonal de Barcelona, ubicadas desde octubre de 2017 en Palma de Mallorca debido al proceso soberanista.
En un comunicado, el patronato de La Caixa ha destacado que el acuerdo alcanzado por unanimidad “se toma atendiendo a que ya no se dan las circunstancias que causaron el traslado temporal de dichas sedes a la ciudad de Palma en el año 2017”.
El cambio de sede social no implica movimiento de personas ni de espacios o servicios corporativos, ya que la mayoría de los empleados y centros de trabajo han estado siempre ubicados en Barcelona, si bien tiene un relevante valor simbólico ya que supone un paso más en el cierre de la etapa de turbulencias económicas que provocó el otoño soberanista de 2017.
En la fase más crítica del procés, el patronato de la Fundación abogó por trasladar su sede social a Palma de Mallorca de forma “temporal” para “mantener los intereses y la operativa normal de la entidad” ante la situaciçon que entoncés vivía Catalunya.
El regreso a Barcelona del grupo financiero que lidera Isidro Fainé se suma al realizado hace unas semanas por el Banco Sabadell el pasado mes de enero y por Cementos Molins a finales de 2024.
“La Fundación ”la Caixa“ tiene un firme compromiso con sus raíces, desde que fue fundada como Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares en 1904 por el abogado barcelonés Francesc Moragas, con el apoyo de diversas entidades de la sociedad civil catalana”, agrega el comunicado de la entidad.
La Caixa es el primer grupo empresarial y financiero de España. A través de la sociedad Criteria, que dirige Ángel Simón, la entidad ostenta participaciones relevantes en grandes empresas como Naturgy, Telefónica, ACS, o, la más importante, CaixaBank, la mayor entidad financiera de España cuya sede social se trasladó a València en 2017.
Criteria es el holding que gestiona el patrimonio empresarial de la Fundación La Caixa. Es decir, la sociedad posee una cartera de inversiones en distintas empresas participadas que le van nutriendo de dividendos. Con ellos, o bien genera más inversiones o bien inyecta fondos a la Fundación de la que depende y que van destinados, en parte, a su obra social y cultural.
El brazo inversor de La Caixa se convirtió el año pasado en el gran comprador del año pasado al reforzar sus participaciones en empresas cotizadas como Puig, Colonial, ACS, Telefónica o Naturgy con operaciones que rondaron los 5.000 millones de euros.