La Gomera se conecta al futuro

La Gomera se conecta al futuro

Casimiro Curbelo

Hay días que no se olvidan. Días que no son un acto más en la agenda institucional, sino un punto de inflexión. La inauguración de la interconexión eléctrica entre La Gomera y Tenerife es uno de esos momentos que marcan un antes y un después. No solo por lo que representa desde el punto de vista técnico, sino por lo que significa en términos de seguridad y futuro para nuestra isla.

Durante demasiado tiempo, La Gomera ha vivido con la fragilidad de un sistema aislado. Un modelo en el que cualquier incidencia se convierte en una amenaza mayor y en el que el riesgo del “cero energético” deja de ser una posibilidad remota para convertirse en una realidad que ya hemos sufrido. Lo vivimos en julio de 2023 y lo hemos vuelto a comprobar en enero de este mismo año.

Por eso conviene decirlo alto y claro: el suministro eléctrico no es solo una cuestión de comodidad. Es salud, es seguridad, es economía y es vida diaria. Es el funcionamiento de un hospital, de una residencia, de un colegio o de una empresa. Es la tranquilidad de un hogar. Y, en una isla, esa tranquilidad no puede depender de la suerte o de la capacidad de respuesta ante una avería.

La interconexión que entra en funcionamiento une la subestación de Chío, en Guía de Isora (Tenerife), con la de El Palmar, en La Gomera. Un doble circuito subterráneo-submarino de 36 kilómetros que alcanza una profundidad máxima de 1.145 metros. Son cifras que impresionan, sí. Pero lo verdaderamente importante es lo que permiten: dejar atrás el aislamiento energético, avanzar hacia un sistema más seguro y estable, y facilitar una mayor integración de energías renovables.

Este enlace abre una puerta doble: la de importar energía cuando sea necesario, pero también la de exportar cuando haya excedente. Y esto es clave porque La Gomera no parte de cero en el camino hacia un modelo energético más limpio. Pero sería un error quedarnos solo en la celebración. Este logro no significa que todo esté hecho. Significa que hemos superado una barrera histórica y que ahora toca afrontar nuevos desafíos con responsabilidad.

El primero es evidente: culminar el cierre del anillo eléctrico insular por el sur. Sin ese paso, no tendremos una red de distribución realmente robusta, con capacidad de respuesta ante incidencias y con una estructura equilibrada y eficiente. El segundo reto pasa por reforzar los programas de conservación y mantenimiento de la red, porque de nada sirve una gran infraestructura si no garantizamos que la energía llegue con continuidad y calidad a cada hogar y a cada empresa.

Y el tercero, el más ambicioso y también el más ilusionante, es seguir avanzando hacia la autosuficiencia energética. Apostar por más renovables, especialmente energía solar en hogares, empresas y edificios públicos. Porque la transición energética no es una moda: es una obligación frente al cambio climático y una oportunidad para modernizar nuestra economía. En ese camino, La Gomera ya cuenta con “zonas de aceleración de renovables”, lo que abre nuevas posibilidades para atraer inversión y generar empleo vinculado a la economía verde.

Hoy La Gomera gana en calidad de servicio, en seguridad y en resiliencia. Pero también gana en imagen exterior y en oportunidades: para atraer inversión, para impulsar una economía más competitiva y sostenible, para modernizar sectores estratégicos y para avanzar con determinación hacia un futuro más limpio.