La inmensa mayoría de las explotaciones agrícolas de Hermigua están en pérdidas, aunque algunas sólo sean atendidas por entretenimiento, por nostalgia o por respeto a la memoria.
El suelo rústico de protección agraria, siendo de interés para todos los sectores, tiene pocas posibilidades de mantenerse por sí mismo, después de estar sometido, durante demasiado tiempo, a fuertes presiones en contra:
- Precios reducidos, para sus cultivos.
- Canales de comercialización y distribución que constriñen.
- Normativa asfixiante.
- Costes operativos cada vez más altos.
- Agua insuficiente, y a un precio creciente.
- Insumos que no dejan de incrementar su precio.
- Superficie media de las explotaciones, inferior al tamaño mínimo eficiente que deberían tener, para que sus costes unitarios fuesen mínimos.
- Mano de obra directa inexistente en el mercado, por su intermitente demanda y las precarias condiciones que el sector permite ofertar a los trabajadores, si quiere hacer viables las explotaciones.
- Gran dificultada para interesar un relevo generacional que continúe al frente de las mismas.
Así las cosas, sólo caben tres posibilidades:
- Pedir a las autoridades públicas competentes, que se modifique o amplíe el uso del suelo rústico de protección agraria, para permitir su rentabilización en el mercado.
- Abandonar las parcelas, asumiendo el consiguiente deterioro de la economía, del medioambiente y el paisaje; y de los aspectos culturales vinculados a la tradición agrícola.
- La intervención pública, que favorezca la viabilidad de los cultivos, permitiendo a los agricultores acceder a unos servicios de mano de obra directa, a un precio competitivo, con la estabilidad, la capacitación y la profesionalidad necesarias.
Analizando cada una de estas tres opciones, creemos que las dos primeras serían las últimas que cualquier agricultor, ya sea propietario, medianero o arrendatario, desearía tomar. Por no hablar del impacto y de las consecuencias directas que las mismas tendrían sobre las demás actividades económicas, acostumbradas a disfrutar de un “verde” complementario, que ni cuidan, ni les cuesta, ni les compite.
Queda, por tanto, centrarse en la tercera vía o posibilidad, porque es la que mantiene la complementariedad y las sinergias con los otros sectores de actividad, y porque es la más económica, desde el punto de vista de esfuerzo público.
Profundicemos, entonces, en la necesidad de impulsar y dotar económicamente la creación, la puesta en marcha y la actividad de una EMPRESA de SERVICIOS AGRÍCOLAS en el municipio de Hermigua, por ser la mano de obra, el cuello de botella más importante que, por su coste y por su actual inaccesibilidad, más limita a la producción, como premisa necesaria para la viabilidad del cultivo y de las explotaciones agrícolas.
Su justificación se apoya en la necesidad de contar con SERVICIOS DE ASESORAMIENTO Y MANO DE OBRA AGRÍCOLA, para el correcto sostenimiento de las explotaciones agrícolas del municipio.
Son numerosas las dificultades a las que debe hacer frente un agricultor (titular, medianero o arrendatario), para sacar adelante su explotación.
Entre otras, destacamos las siguientes:
- Escasa dimensión de las explotaciones (por debajo del tamaño mínimo eficiente), lo que dificulta la contratación de personal a jornada completa, constituyendo, por tanto, una oferta de trabajo muy poco atractiva entre los trabajadores que, lógicamente, persiguen estabilidad y poder vivir de su trabajo.
- Escasez de mano de obra legalizada y especializada.
- Elevados costes de los abonos y de los productos fitosanitarios.
- Escaso rendimiento de los productos fitosanitarios recomendados, implican la necesidad de un mayor número de aplicaciones.
- Exigencia de mantenimiento del Cuaderno de Campo Digital.
- Exigencia de permiso y autorización, para el manejo de productos fitosanitarios.
- Exigencia de los cursos relativos al correcto manejo de maquinaria o equipos agrícolas.
- Precios muy bajos, para los productos cosechados y comercializados.
- Escasez de agua de riego, con peor calidad y precios muy elevados.
- Muchas explotaciones se encuentran próximas a terrenos en estado de abandono, con el consiguiente riesgo de multiplicación de plagas.
- Necesidad de frecuentes análisis de tierra, agua y hojas. De visitas técnicas que asistan y evalúen los cultivos, con las consiguientes recomendaciones.
- Ausencia de relevo generacional al frente de las explotaciones.
- Elevada edad media de los agricultores.
- Elevadísimo coste de oportunidad y alta exigencia entre quienes cultivan la tierra, respecto a quienes trabajan en otros sectores.
- Una comercialización a través de pocos canales, como consecuencia de la elevada fragmentación y la escasa dimensión de las explotaciones
- La ausencia de pequeña industria agroalimentaria que complemente su comercialización directa, o de una logística conjunta que permitiese llegara nuevos canales, reduciendo costes.
Así pues, su necesidad queda suficientemente justificada, aunque, por el momento, las administraciones públicas sigan sin prestar atención a un sector, el agrícola, que contribuye, silenciosamente, al sostenimiento de otros epígrafes de la actividad económica local.
El resultado de tanto inconveniente, tiene su respuesta en la alta tasa de abandono que sufren las explotaciones agrícolas, necesitadas de la ayuda e intervención pública que corrija algunos de los fallos de mercado que dificultan su desarrollo.
Las explotaciones que aún están activas, lo están por alguno de los siguientes motivos: son rentables, no evalúan el coste de oportunidad de quien está al frente, da pena abandonarlas, o sólo constituyen un entretenimiento en pérdidas. El desastre está a la vista de todos y, para negarlo, sólo hay que cerrar los ojos.
Basta analizar las explotaciones, en número y en superficie, que están activas, y compararlas con el número de parcelas de protección agrícola que ya han sido abandonadas, sólo habría que cruzar los datos de la Comunidad de Regantes, y hablar con los agricultores activos.
Así las cosas, si los agricultores desean realizar las labores propias que, en cada momento, exigen sus cultivos, hoy se ven mayoritariamente obligados a acudir a una mano de obra externa, generalmente inmigrante, en situación irregular, sin capacitar, y sin ninguna garantía; que sólo ofrece numerosos inconvenientes, tanto para el agricultor, como para los propios trabajadores:
- Contratación irregular, sin factura.
- Ausencia de formación especializada o en riesgos laborales.
- Muy baja productividad.
- Discontinuidad, que dificulta la acumulación de experiencia y la mejora de los rendimientos.
- Alto coste, por la necesidad de continua supervisión.
- Elevado absentismo.
- El trabajador siempre busca más días de trabajo, estando dispuesto a trasladarse a otra localidad y a cambiar de sector de actividad, persiguiendo los ingresos que precisa.
Así las cosas, si hay tantos inconvenientes, ¿por qué, entonces, se les contrata irregularmente y de forma discontinua, en vez de hacerles contratos fijos y de forma regular? Muy fácil: el elevado coste de la mano de obra, y la reducidísima dimensión de la mayoría de las explotaciones agrícolas, hacen inviable la contratación fija de un personal que no tendría trabajo para todos los días, durante 40 horas semanales, en cada explotación.
Descrita la situación, ¿qué se puede hacer?
El agricultor, individualmente, poco puede hacer, para influir e intentar sortear muchas de las amenazas; sin embargo, puede agruparse con otros agricultores, promoviendo una EMPRESA de SERVICIOS AGRÍCOLAS que le ayude a desarrollar aquellas tareas agrícolas que entrañan mayor dificultad, y sin cuyo puntual y adecuado desarrollo, los cultivos y las cosechas peligran.
Promovamos, pues, la creación de una organización profesionalizada, sin ánimo de lucro y administrada por los agricultores, que cuente con la voz y el apoyo público, para mantener e incrementar los cultivos y el paisaje agrícola, permitiendo mejorar la rentabilidad de las explotaciones y las condiciones laborales de quienes aún trabajan la tierra.
@JulioMora60
#PRISMAS