Hernán Peraza casi murió vestido de mujer

Justamente había sacado mis pies del agua. Todavía me acuerdo lo fría que era. Hace diez años y estabas en mi barriga, entonces pensé que te íbamos a llamar Ithaysa. La foto está hecha en Garajonay. En el bosque de laurisilva dónde las montañas paran las nubes y se forma lluvia horizontal. Cuando tu padre me hizo esa foto sentada encima de troncos de madera sobre el agua y con rocas en el fondo era la primera vez que estaba en La Gomera. Me acuerdo que estaba muy feliz, que me parecía una isla mágica, preciosa. Pensé mucho en ti, y en la suerte que tenías que ibas a crecer en aquel paraíso. Todo era nuevo. No sabía nada de Canarias. Me acuerdo que tu padre tenía una camisa azul donde ponía “La Graciosa” con letras blancas pequeñas. Pensé que se lo había regalado una amiga que le llamaban así porque era muy graciosa. No sabía que hay una isla con ese nombre. Cuando estaba contigo en mi barriga en el bosque de Garajonay con el agua fría y los árboles verdes y la humedad fresquita no había oído de los Sucesos de Hermigua, no sabía quién era Hernán Peraza.

Hernán Peraza casi murió vestido de mujer. Iballa, su amante, había escuchado como se acercaban a la cueva. Se puso muy nerviosa, en palabras de José Viera y Clavijo dijo: ¡Toma al punto mis vestidos y sal disfrazado de mujer, para que no te conozcan! Parece que lo hizo, se vistió con la ropa de su amante para intentar escapar de la furia. Pero en la puerta gritó una señora mayor que era él quien iba a salir, que no le dejara escapar. Volvió dentro de la cueva para no morir en traje de mujer.

La Gomera nunca fue conquistada. Los gomeros habían vivido juntos con los castellanos bajo un tratado de amistad durante años, parece ser que la mayoría de ellos eran ya bautizados e iban a la iglesia. Pero todo cambió cuando llegó Hernán Peraza el Joven al poder. Era un conquistador de los de verdad, con su propia ley, violenta, la de la noche, de la sombra. Era de los que siempre está muy por encima de la otra ley, la ley mundana, la de los plebeyos. Era de los que no les importan usar su pueblo como esclavo para sus propios fines, acumular sus propias riquezas, castigándolo duramente si se opone. De los que no pueden morir vestidos de mujer. Los gomeros siempre han tenido la fama de ser difíciles de someter: no pudiendo acostumbrarse estos intrépidos isleños a soportar el yugo de la dominación arbitraria de aquel joven, escribió Viera y Clavijo sobre Hernán Peraza. Hubo en la Gomera algo parecido a un movimiento de protesta, una manifestación, contra el Conquistador. Parece que los gomeros se habían juntado y le habían bloqueado el camino hacia el centro de la isla. Hernán Peraza pidió ayuda a Pedro de Vera, el conquistador de Gran Canaria, que tampoco era conocido por tener escrúpulos. Vino, según Carlos Müller en su libro en alemán sobre las islas canarias, Die kanarischen Inseln- reisen durch die Zeit, con solamente 100 hombres pero con dos grandes barcos. ¿Por qué dos barcos? Hernán Peraza no lo había tenido fácil coger a gomeros como esclavos y venderlos en Europa, que era la ganancia verdadera de la Conquista de las Islas Canarias. Como eran bautizados y nuevos cristianos la iglesia no se lo permitía. Lo había intentado pero los Reyes Católicos se habían enfadado con él. ¡Ahora, gracias a la sublevación, había, según Müller, encontrado el hueco jurídico para hacerlo! Al querer seguir sus vidas como pastores y negarse matarse en sus plantaciones los gomeros no solamente desobedecieron a él mismo, y a la corona, sino por ende al Dios cristiano. Como castigo por protestar y hacer una manifestación ya se les podía coger y mandar como esclavos a Europa.

Lo ocurrido no cambió nada. Ni el conde se hizo menos autoritario, ni los gomeros más sumisos. Cuando el Conquistador salvador se retiró a Gran Canaria con sus soldados, y más de 200 prisioneros gomeros entre hombres, mujeres y niños, volvió Hernán Peraza, escribe Viera y Clavijo, a tratar sus vasallos con tanta tiranía, que aun las personas que le eran más afectas le abandonaron. Siguió así hasta el día en que se vistió con la ropa de su amante y luego se la volvió a quitar para no arriesgarse morir en prendas de mujer. Después vino otra vez Pedro de Vera de Gran Canaria. Él y Beatriz de Bobadilla, la viuda, ordenaron a todos los gomeros a asistir a la iglesia para el funeral. El que no viniera sería visto como traidor y cómplice del asesinato de Hernán Peraza. Según Viera y Clavijo acudieron casi todos los vecinos de la isla, asegurados de su inocencia y de la palabra del gobernador. Cuando llegaron a la iglesia los castellanos cogieron, maniataron y luego mataron alrededor de 500 hombres. 700-800 mujeres y niños fueron mandados como esclavos a Europa. Se abrió un proceso juridicial en la Península contra Beatriz de Bobadilla por la matanza y venta de esclavos de tantos gomeros inocentes, pero el proceso se alargó en el tiempo hasta final se olvidó de él y se canceló.

Después de los Conquistadores vinieron los Caciques. Los nuevos señores de la isla. Eran muchas veces de las mismas familias que los Conquistadores. Seguían acumulando sus riquezas personales, seguían sin pensar en “su isla” como otra cosa que “su isla”, a su disposición y a su servicio. Ya no se podía vender a nadie como esclavo a Europa pero siempre intentaban impedir cualquier organización de sus obreros para que todo sigua igual y no haya cambios en la situación de dominio y poder, la diferencia enorme de las grandes casas y fiestas y comidas de gala que tenían ellos, y la pobreza total de los obreros que luchaban y trabajaban duro para sobrevivir. Así hasta entrando ya en el Siglo XX cuando pasaron los Sucesos de Hermigua.

El 22 de marzo de 1933 se convoca una huelga general para protestar contra que por presiones de los caciques no dejan a nadie que está en un sindicato trabajar en una carretera. Grupos cada vez más grande de trabajadores y sus mujeres e hijos salen a la calle en una manifestación. Hacen una barrera en la carretera, mujeres gritan a un cabo que no siga: ¡No traiga más guardias, que solo queremos el pan de nuestros hijos! La ira y la desesperación va escalando y algunos tiran piedras y pegan con palos al camión del cabo. El cabo da órdenes de disparar, ¡Fuego!, y dispara a la multitud que se acerca para quitarles las armas. La rabia les enciende aún más y terminan por matar a un guardia. También muere el cabo. Y varios de los obreros. Cinco personas de los manifestantes son como consecuencia de los sucesos sangrientos condenadas a muerte pero luego absueltas por la Ley de Amnistía durante la República 1936. Estos cinco fueron todos entre los “desaparecidos” de Canarias después de la toma de poder de los fascistas unos meses más tarde el mismo año.

Cuando acababa de sacar mis pies del agua fría de Garajonay y tu padre me hizo la foto contigo en mi barriga no sabía que diez años más tarde ese pasado tan, tan remoto, que entonces ni siquiera conocía, ahora me parece de repente algo menos lejano. No sabía que después de diez años de descubrimientos y de curiosidad y amor de repente iba a pensar que a lo mejor estas islas podría no ser lo mejor para ti. Que la Ley de la noche y la sombra todavía está aquí. O volvió otra vez. Que podría llegar a plantearme alguna vez la posibilidad de hacer las maletas e ir a mi país frio del norte aunque hemos estado y estamos tan felices aquí. No sabía cuando estaba en el bosque verde de laurisilva y de roques contigo en mi barriga que iba a temer cosas para tu futuro que yo siempre toda mi vida las había dado por hecho. No sabía que iba a pensar que quizá aquí no tendrás posibilidades de seguir tus sueños. O pensar por ti misma. O ni siquiera salir a la calle a protestar cuando vulneran tus derechos.

Dice Yeray Rodriguez que la dignidad se pierde una vez solo. No la deberíamos perder ahora. Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo otra vez. Todavía podemos volver a la Gomera. Todavía podemos entrar entre los roques en el bosque de laurisilva dónde la lluvia es horizontal, todavía podemos meter los pies en el agua.

Sofia Feith

https://sofiafeith.wordpress.com

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