Agrupación de Interés Económico, la viabilidad agraria

Agrupación de Interés Económico, la viabilidad agraria

Este artículo se inspira en un conocido proverbio africano: “Si quieres ir rápido, ve solo; Si quieres llegar lejos, ve acompañado“. Nos recuerda que, aunque a veces actuar en solitario, puede darnos resultados inmediatos, es en la cooperación donde encontramos sostenibilidad, apoyo mutuo y avances verdaderamente notables.

La transformación económica de las zonas rurales y periféricas ya no puede depender exclusivamente de las inversiones públicas tradicionales. En territorios como Hermigua, se vuelve imprescindible apostar por modelos organizativos más flexibles, arraigados en el territorio y orientados a resultados. En este contexto, las Agrupaciones de Interés Económico (AIEs), emergen como herramientas poderosas para canalizar recursos, movilizar actores locales y generar un alto retorno económico y social, con inversiones moderadas.

Hermigua es un municipio de apenas 1.900 habitantes, con una fuerte vocación agrícola y un incipiente desarrollo turístico vinculado al paisaje y a la sostenibilidad. Un territorio con potencial, pero que, por su reducido tamaño y el envejecimiento de su población, presenta dificultades para la puesta en marcha de estrategias de desarrollo ambiciosas y sostenidas en el tiempo.

En estas condiciones, las agrupaciones de interés económico permiten una gestión ágil, participativa y plenamente arraigada en el territorio, ya que son sus socios, quienes definen las prioridades, impulsan las acciones y evalúan sus resultados de forma directa haciendo que su gobernanza compartida favorezca la transparencia, la eficiencia y el alineamiento de la AIE, con los intereses reales del municipio.

La clave para que una agrupación de interés económico (AIE) funcione con apoyo público, sin generar reparos administrativos, está en estructurar un modelo de colaboración claro, legalmente sólido y políticamente neutro, donde el sector público actúe como facilitador, supervisando, pero sin intervenir directamente. De esta forma, mientras la AIE debe ser una herramienta al servicio de sus socios, el sector público debe ser su aliado externo, nunca su gestor. La independencia operativa de la AIE es clave.

Para consolidar la relación sin fricciones legales, el pleno del ayuntamiento puede aprobar una declaración formal del interés público de la actividad de la AIE, especialmente si presta servicios agrarios esenciales que eviten el progresivo abandono de fincas rústicas.

Más concretamente, este artículo persigue la creación de una agrupación de interés económico (AIE), la AIE agraria, sin ánimo de lucro propio, capaz de prestar servicios agrícolas compartidos, de mejorar la competitividad del sector primario y de dinamizar la economía rural de un municipio cuya actividad agrícola ha sufrido una fuerte regresión debido, entre otros motivos, al envejecimiento de la población, la atomización de las parcelas y el abandono de su explotación; la falta de relevo generacional; el escaso acceso a servicios de asesoramiento técnico, y a maquinaria especializada de uso puntual;; el pequeño tamaño de las explotaciones y la dispersión de los agricultores.

Este proyecto, la AIE agraria, representa una apuesta estratégica por el desarrollo rural sostenible de Hermigua, que no sustituye la acción pública, sino que la complementa y multiplica, operando desde el territorio, con gobernanza local, y con una lógica de eficiencia colectiva que garantiza impacto y sostenibilidad.

La agrupación actuará como estructura auxiliar de sus miembros, sin ánimo de lucro propio, y teniendo como objetivo prioritario el acceso a la mano de obra necesaria y la reducción de costes unitarios. Para ello, se perseguirá mejorar la planificación de los trabajos agrícolas y garantizar la continuidad de la actividad agraria, especialmente en las pequeñas explotaciones, comprometiendo la estructura mínima imprescindible, con las inversiones y costes estrictamente necesarios.

Subrayamos que su actuación se debe limitar al ámbito interno de sus socios, sin prestar servicios a terceros, y desarrollndola conforme a lo dispuesto en la Ley 12/1991, de 29 de abril, de Agrupaciones de Interés Económico.

De esta forma se garantizaría su equilibrio presupuestario, libre de endeudamiento, con una estructura de costes contenida y dependencia limitada del apoyo público, asegurando su sostenibilidad y su seguridad jurídica.

La agricultura local enfrenta, desde hace años, una tensión estructural creciente:  el incremento sostenido de los costes laborales, unido a la fragmentación del suelo agrícola y a la falta de economías de escala, ha reducido significativamente la capacidad de los pequeños agricultores para organizar de manera eficiente los trabajos necesarios en sus fincas y, en consecuencia, la rentabilidad de sus explotaciones.

A esta situación se suma la ausencia de estructuras organizativas comunes que permitan compartir recursos humanos de forma ordenada y jurídicamente segura. Hasta ahora, cada explotación afronta de manera aislada la contratación, planificación y gestión de la mano de obra, lo que genera ineficiencias, discontinuidades en los trabajos y un encarecimiento real del coste por jornada efectiva, además de la pérdida de jornales útiles.

Como consecuencia, muchas fincas entran en una dinámica de infrautilización o abandono progresivo que afecta no sólo a los agricultores, sino al conjunto del territorio y al paisaje agrario. Para evitarlo, proponemos una respuesta organizativa estructural que ordene, de forma técnica y eficiente, el trabajo agrario, permitiendo reducir el tiempo improductivo, optimizar el uso de la mano de obra y mejorar la previsibilidad en los costes.

Se trata, por tanto, de un modelo organizativo, no de una empresa de servicios, que introduce racionalidad económica y operativa en un ámbito —el trabajo agrícola— tradicionalmente gestionado de manera atomizada.

La AIE agraria puede ser una solución sencilla, práctica y directamente comprensible para los agricultores: organizar personas que trabajan juntas allí donde hoy cada explotación actúa por separado. No introduce complejidad innecesaria, sino que aporta orden y coordinación al trabajo cotidiano.

La clave del modelo es la creación de equipos de trabajo compartidos, que pueden atender de forma planificada las necesidades reales de varias explotaciones. Esto permite encadenar tareas, reducir tiempos muertos y aprovechar mejor cada jornada de trabajo.

Las soluciones que se proponen están adaptadas a la realidad local, teniendo en cuenta la orografía, los cultivos, los ritmos de trabajo y las relaciones sociales, lo que refuerza su viabilidad y su aceptación.

Creemos en una agrupación de interés económico, cuya función principal sea organizar medios humanos compartidos al servicio exclusivo de las explotaciones socias, sin desarrollar actividad económica propia ni perseguir beneficio autónomo. La agrupación no produce, no comercializa y no compite en el mercado: asiste internamente a sus miembros, sin alterar la titularidad ni la autonomía de las explotaciones.

No es una empresa de servicios agrícolas, ni presta servicios a terceros. Tampoco actúa como subcontrata, ni como intermediaria laboral entre trabajadores y explotaciones. No existe cesión de trabajadores en sentido jurídico, ni puesta a disposición de personal, ya que la actuación de la Agrupación se limita al ámbito interno de sus socios, en un marco de cooperación económica regulada.

Esta delimitación clara evita riesgos legales, laborales y administrativos, facilitando la continuidad de la actividad, especialmente en explotaciones familiares o de muy reducido tamaño.

Esta delimitación clara protege tanto a los agricultores como a la propia agrupación frente a riesgos legales o laborales, y garantiza que el modelo se mantenga dentro del marco jurídico previsto para una AIE, sin generar distorsiones ni riesgos innecesarios.

Para los agricultores, el principal valor es la estabilidad que les ofrece disponer de equipos de trabajo organizados que reduzcan su incertidumbre y les evite tener que depender de soluciones puntuales o de urgencia, mientras se concentran en el cuidado de su explotación.

Todo ello contribuye a la continuidad de las fincas, especialmente aquellas que, siendo viables desde el punto de vista agronómico, estaban en riesgo por problemas de organización del trabajo, y acceso a mano de obra especializada para las tareas que requieran más esfuerzo y preparación. Entre otras: desbrozar, limpiar maleza tender riegos, plantar, aplicar tratamientos fitosanitarios, podar, cosechar, replantar, deshijar, desflorillar, abonar.

Asimismo, la agrupación permite optimizar el impacto de los apoyos públicos, ya que cualquier ayuda o colaboración se canaliza a través de una estructura organizada, con control de costes y objetivos claros, con equipos de trabajo integrados por personas del entorno, conocedoras del territorio y de los cultivos, lo que mejora la calidad y continuidad del trabajo.

La agricultura activa protege el suelo, reduce riesgos y mantiene empleo local. Su resultado es una contribución directa al mantenimiento del paisaje agrario y a la sostenibilidad económica del sector primario.  Y con ello, se refuerza el tejido social local, fomenta la cooperación entre vecinos y devuelve centralidad al trabajo agrario como actividad vertebradora del valle.

En un contexto de costes crecientes y explotaciones pequeñas, organizar el trabajo agrario de forma conjunta y racional no es una opción ideológica, sino una necesidad práctica, y una condición indispensable para la continuidad de la actividad agrícola, la preservación del territorio y la sostenibilidad económica del sector.

La agrupación actúa como estructura auxiliar de sus miembros, sin ánimo de lucro propio, y teniendo como objetivo mejorar la eficiencia operativa, reducir costes estructurales y aportar estabilidad a la organización del trabajo agrícola.

La AIE agraria, pues, constituye una herramienta organizativa clara, jurídicamente segura y económicamente viable, orientada a garantizar la sostenibilidad de la agricultura local mediante la organización colectiva del trabajo.

Una vez justificada la propuesta de crear una AIE agraria, sólo resta saber si los agricultores de Hermigua –propietarios, medianeros o arrendatarios–, convencidos de que no competimos entre nosotros, y de que todos, aún juntos, apenas representamos una oferta insignificante en el conjunto del mercado, prefieren mantener su precaria viabilidad individual, o si, por el contrario, prefieren participar de la iniciativa aquí formulada, que de continuidad a su trabajo, de forma más económica, cómoda y estable, anticipándose a lo que pasará cuando ya no estén, o intentando evitar tener que pagar con su tiempo y con su vida, no sólo el alto coste personal por unos ingresos ajustados, aún sin imputar todos los costes, sino el progresivo abandono de sus respectivas parcelas que, además, arrastra consigo el deterioro del paisaje que todos valoramos.

Si queremos organizarnos y evitarlo, está a nuestro alcance. Sólo se requiere visión y coraje, para apostar por una organización sistematizada que produzca servicios en común y, una vez asociados, “juntos, poder llegar más lejos”.

 

 

@JulioMora60

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